miércoles, 12 de febrero de 2014

Regal com cap altre

Que el futur sempre
estigui ple
de tot de somnis per realitzar,
i que el passat
es composi
de grans records i projectes.
I que aquest present,
regal com cap altre,
estigui ple de projeccions,
d'amistats i d'amor,
i de vatges fets
per la ment al cor.
Que no ens aturi sa veritat,
que no ens parin les pors,
i que cada dia el sol surti
després de les foscors.

domingo, 25 de agosto de 2013

En las caras

En las caras,
en las sonrisas de otros,
en tantos lugares
espero que aparezcas
y te acerques.

Y te veo,
en ocasiones,
en mis momentos,
en los segundos
que me pasan despacio
tan lejos, tan lejos,
de todo cuanto veo
de todo cuanto tengo
de todo cuanto siento.

Y si me llega la hora
de averiguar cómo pararlo
no sé si tendría fuerzas
para querer intentarlo.
En este agujero
los relojes se sonríen
y me agarran las piernas,
mientras yo te veo
en las caras,
en las tristezas de otros,
en mis noches, no,
en todas las noches.

Que el aire sea menos pesado
cuando me haga el amor
Que el tiempo no sea tal
y la menta tenga su sabor.

En las caras, te veo
En las despedidas, no respiro
La menta, ya no la percibo
Y el olor, el olor
El olor lo recuerdo,
se pasea, en los cuerpos,
como tú te me apareces;
en las caras,
en las sonrisas de otros,
en tantos lugares,
donde tú ya no estás.








domingo, 2 de junio de 2013

Viajeros

Dijeron aquellos viajeros,
que una vez en tierra lejana
el hombre descubre su esencia
y siente entonces la ausencia
de los campos que dejó atrás.

Que no hay raíces que valgan
en la mochila de los viajeros,
y que no existen fronteras
que no se puedan atravesar
con algunos trozos de sueños
y una pizca de curiosidad.

Recuerde aquel viajero
que en su buen día se fue:
aunque no haya raíces que valgan
siempre le quedará el volver.
Que la tierra no será la misma,
que las personas pueden olvidar,
que todo lo que antes fue sereno
sobre las olas del cambio restará.

Sueñe en su lecho el caminante
en ciudades, mares y tierras,
en volar mucho más alto
que las paredes de su corazón.
Sueñe en su lecho el caminante,
sueñe a dónde partir.
Mas esta tierra a la que vuelve
será otro lugar por descubrir.

martes, 30 de octubre de 2012

Datnulov

Se echó sobre la hierba y esperó a que ésta creciera entre sus axilas hasta hacerle cosquillas en la espalda. Sentía el calor del sol abrasándole la espalda, dejando tan solo intacta la piel que estaba cubierta por la camiseta de tirantes. Se giró sobre sí misma apoyando la espalda y todo el peso de su cuerpo sobre la hierba verde, de cosquillas, de risas, seca, punzante, y alcanzó a ver el cielo, allá lejos, en algún lugar donde no hay lugares ni existen los temores. Echando la cabeza hacia atrás, levantó las cejas y la luz del sol se coló por sus pupilas, haciendo que el iris pareciera más grande, como un universo alrededor de un agujero negro. Entrecerró los espejos del alma y apuntó hacia otro lado, esperando divisar alguna forma entre las nubes. Todas eran blancas, salvo por los matices grises que las acompañaban y las perfilaban, de costado, de frente, desde arriba hacia abajo. Movió los dedos y levantó el blanco brazo hacia las nubes, hacia el cielo. No consiguió atrapar nada, tan solo un puñado de aire que se le escapó entre los dedos. Alargó la mano aún más e intentó atrapar un pedazo de diente de león que osó cruzarse en su camino danzando, burlándose de las leyes de la gravedad, pero no consiguió atrapar a ese ser que parecía libre.
Inspirando profundamente, más de mil millones de partículas se colaron por su nariz hacia sus pulmones, haciendo que el pecho se le levantara hacia las nubes blancas con matices grises. Mientras inhalaba, entrecerró aún más los ojos hasta cerrarlos por completo y consiguió percibir unos puntitos rojos y azules. Eran la marca del sol dentro de sus párpados. Suspirando, exhalando los millones de partículas llamadas aire, movió los ojos, aún cerrados, hacia la izquierda y hacia arriba, haciendo danzar los puntitos de colores dentro de sus párpados. Divertida, abrió los ojos y se encontró con la inquisitiva mirada del sol, que volvía a generar un mar de color en sus ojos, haciendo el iris aún más pequeño. Disfrutando del placer de respirar, volvió a levantar el brazo y perfiló con su dedo el tamaño, pequeño y falso, de una nube que se encontraba muy a la derecha del sol. Parecía tímida, escondida entre sus compañeras. Esta vez no dejó que el sol se entrometiera. Giró el cuello hacia la derecha para apreciar mejor la forma de la nube y poder perfilar mejor con los dedos el tamaño de aquel trozo de azúcar blanco.
De pronto divisó la forma de un dragón enorme con unos dientes afilados y dos colmillos que surgían de su boca, de la nada, de una nube blanca. Divisó también los ojos, y las escamas, y el cuello, ¡y el cuerpo de aquel dragón tan grande y majestuoso! Vio cómo el dragón le guiñaba el ojo y se escondía detrás de un cuerpo de azúcar más grande que él, temeroso de ser visto más que en aquel único instante. Fascinada, ella se incorporó en seguida y alargó los dos brazos desnudos hacia el cielo, queriendo atrapar al dragón, queriendo subirse a su espalda, riendo, gritando, enseñando también sus dientes de color marfil, no tan blancos como los del dragón. A carcajadas, consiguió reconocer una de las escamas del dragón, que se escondía entre el perfil de una nube aún más grande que la anterior. ¿Dónde se había marchado ese dragón?, ¿por qué no la dejaba subirse a su grande y largo cuerpo?
"Quisiera saber cuál es el tamaño de sus alas y cómo consigue esconderse entre esas paredes de azúcar", pensó ella, sentada como estaba, sin apartar la vista de aquel trocito de nube donde había visto aparecer al dragón. "Quizá nos volvamos a encontrar".

miércoles, 10 de octubre de 2012

Tal vez tú lo intentarás

Y eso dicen, que es verdad.

Vamos a construir un nuevo mundo, dijeron;
vamos a creer en la humanidad, gritaron;
vamos a crecer mucho más, aseguraron;
vamos a terminar de una vez por todas.

Vamos a usaros de balas 
para que luchéis por nosotros,
vamos a cubrir vuestras mantas
de sueños
para que no podáis dormir.

Conoceremos un poblado
y lo adaptaremos,
inventaremos una energía
y la utilizaremos,
descubriremos más fuentes
y las consumiremos,
y aprenderemos que el infinito es seguro.

Vamos a soñar un poco más, alentaron;
vamos a hacéroslo creer, nos susurraron;
y vamos a disfrutar unos pocos
con el disgusto de tantos otros.

Conoceremos la distancia
y la reduciremos,
conoceremos lo distinto
y lo unificaremos,
extenderemos tantos puentes
que las ciudades no serán tal,
las puertas no existirán
de cara hacia fuera,
y alzaremos la mirada arriba
en pos de la evolución.

Vamos a usaros de balas
para que luchéis por nosotros,
vamos a inventarnos cuentos
para contárselos a los pequeños,
y vamos a contar tantos otros
para contárselos a los adultos.

Y decidiremos por justicia
que este mundo es nuestro
y que tan solo existe lo finito
en cuando a lo que nosotros somos,
y si algo va a diferenciarnos
lo elegiremos nosotros,
(los que podemos)
y si algo va a hacernos iguales
va a ser nuestro final.

No conoceremos los detalles, ni los divisaremos;
no pensaremos sin pensar, ni lo probaremos;
no daremos nada por sabido, nos lo enseñarán;
no oraremos por nadie más
y no tergiversaremos la realidad,
no vamos a creer en algo nuevo
ni lo vamos a intentar.

Y si este mundo se decide
a no esperar que decidamos,
y si este mundo ya dimite
y ya no queda combustible
y ya no queda nada más,
si algo va a hacernos iguales
va a ser solo nuestro final.


jueves, 30 de agosto de 2012

Viejas sillas

Suelo sentarme en sillas nuevas
que tienen otro pasado
y no es el mío,
suelo ir recogiendo cenizas
que siempre vienen de otro fuego
y nunca es el mío.

Tengo ganas locas por volver a
tener,
siento ganas locas por volver a
partir, coger
algo con las manos y que se me
quede su olor.

Quiero sentarme en viejas sillas,
como contemplar viejos rostros
que solo tengo ahora en mente,
como viejos atisbos de necesidad.

Solía regalar olor a sal,
que llevaba conmigo
y era un olor siempre mío.
Solía saber que era el júbilo
el que me aguantaba los pies,
me acostumbré a sostenerme
sin atisbos de necesidad.
Solía poseer entonces tanto
que olvidé cómo fingir.

Solía vivir para contarlo
y ahora lo cuento para vivir.

miércoles, 20 de junio de 2012

Hoja caduca

Como el árbol de hoja caduca, cuyas hojas nunca son suyas. Como si tuviera que caerse cada vez para darse cuenta de que no está ahí realmente. Como si pretendiera formar parte de alguna cosa, como si quisiera convencerse de que hay algo eterno, porque es la única seguridad que ella busca.Como el árbol de hoja caduca, cuyas hojas nunca son suyas, cuyas hojas siempre se caen, cuyas hojas siempre mueren. Como si tuviera que darse cuenta cada vez que no está ahí realmente. Que tal vez no existe y que no existió antes. Como si fuera una mera luz apagándose dentro de un círculo vicioso de temor y dudas. Como si no tuviera ninguna llave para abrir un cofre, como si no fuera dueña de nada, como si de verdad no tuviera posesiones. Como si no tuviera nada que ofrecer.
Todo forma parte de una ilusión, cuenta, con un vestido transparente de cosas que hacer, con una corona de humildad rota y gris, con unos pequeños zapatos de cristal sin tacón. No me sorprendió esa mujer, que llevaba un collar de palabras desgastado por el tiempo y unos pendientes rojo pasión desgastados también. Hablaba rápido, como si quisiera que sus palabras llegaran a algún lado antes de que cerrara la boca. Le faltaba el aliento, como si a veces no le bastara el aire que inhalaba. Parecía que se extinguía antes de llegarle a los pulmones y necesitara coger más, pero sus compañeros no parecían darse cuenta de ello. También caminaba rápido, como si quisiera llegar a algún lugar antes que nadie, pero ella siempre decía que llegaba la última.
Creo que era del signo del aire, o de la tierra, no me acuerdo la verdad. Le gustaba caminar descalza, me acuerdo muy bien de ello, y de la sonrisa que ostentaba cada vez que tenía que tratar con alguno de sus iguales. No parecía tener preocupaciones, tan solo era una hoja de un árbol de hoja caduca.
Recuerdo también que no sentía despacio, que también sentía deprisa, decía y escribía ella. No recuerdo si le gustaba escribir o solo lo hacía por obligación. Nunca le llegué a preguntar. Yo sabía que era mejor no preguntar.
Como el árbol de hoja caduca, cuyas hojas nunca son suyas. Como si ella nunca fuera suya, como si tuviera otras cosas que contar, distintas a las que se dedicaba, distintas a las que pensaba. Como si padeciera alguna enfermedad y ella lo ignorara, como si se tuviera que marchar y nosotros no lo supiéramos. Como si pensara que no estaba ahí realmente. No sé cómo lo pude ver, pero lo vi. Era como si tuviera otra parte mejor que mostrar, como si su collar desgastado de palabras se le fuera a caer de un momento a otro. Parecía cansada y feliz, como si acabara de subir a una montaña pero no la hubiera subido nunca. Como si no quisiera estar cansada, tan solo ser feliz y no tener que pensar en la montaña. Como si no le faltara nada, pero al mismo tiempo echara de menos todo lo que podía. Era una mujer viva, decía, pero caliente y fría, desteñida, de color blanco pálido y con un pelo extraño. Era una mujer viva, decía, pero caliente y fría, como las hojas de los árboles de hoja caduca.