miércoles, 10 de octubre de 2012

Tal vez tú lo intentarás

Y eso dicen, que es verdad.

Vamos a construir un nuevo mundo, dijeron;
vamos a creer en la humanidad, gritaron;
vamos a crecer mucho más, aseguraron;
vamos a terminar de una vez por todas.

Vamos a usaros de balas 
para que luchéis por nosotros,
vamos a cubrir vuestras mantas
de sueños
para que no podáis dormir.

Conoceremos un poblado
y lo adaptaremos,
inventaremos una energía
y la utilizaremos,
descubriremos más fuentes
y las consumiremos,
y aprenderemos que el infinito es seguro.

Vamos a soñar un poco más, alentaron;
vamos a hacéroslo creer, nos susurraron;
y vamos a disfrutar unos pocos
con el disgusto de tantos otros.

Conoceremos la distancia
y la reduciremos,
conoceremos lo distinto
y lo unificaremos,
extenderemos tantos puentes
que las ciudades no serán tal,
las puertas no existirán
de cara hacia fuera,
y alzaremos la mirada arriba
en pos de la evolución.

Vamos a usaros de balas
para que luchéis por nosotros,
vamos a inventarnos cuentos
para contárselos a los pequeños,
y vamos a contar tantos otros
para contárselos a los adultos.

Y decidiremos por justicia
que este mundo es nuestro
y que tan solo existe lo finito
en cuando a lo que nosotros somos,
y si algo va a diferenciarnos
lo elegiremos nosotros,
(los que podemos)
y si algo va a hacernos iguales
va a ser nuestro final.

No conoceremos los detalles, ni los divisaremos;
no pensaremos sin pensar, ni lo probaremos;
no daremos nada por sabido, nos lo enseñarán;
no oraremos por nadie más
y no tergiversaremos la realidad,
no vamos a creer en algo nuevo
ni lo vamos a intentar.

Y si este mundo se decide
a no esperar que decidamos,
y si este mundo ya dimite
y ya no queda combustible
y ya no queda nada más,
si algo va a hacernos iguales
va a ser solo nuestro final.


jueves, 30 de agosto de 2012

Viejas sillas

Suelo sentarme en sillas nuevas
que tienen otro pasado
y no es el mío,
suelo ir recogiendo cenizas
que siempre vienen de otro fuego
y nunca es el mío.

Tengo ganas locas por volver a
tener,
siento ganas locas por volver a
partir, coger
algo con las manos y que se me
quede su olor.

Quiero sentarme en viejas sillas,
como contemplar viejos rostros
que solo tengo ahora en mente,
como viejos atisbos de necesidad.

Solía regalar olor a sal,
que llevaba conmigo
y era un olor siempre mío.
Solía saber que era el júbilo
el que me aguantaba los pies,
me acostumbré a sostenerme
sin atisbos de necesidad.
Solía poseer entonces tanto
que olvidé cómo fingir.

Solía vivir para contarlo
y ahora lo cuento para vivir.

miércoles, 20 de junio de 2012

Hoja caduca

Como el árbol de hoja caduca, cuyas hojas nunca son suyas. Como si tuviera que caerse cada vez para darse cuenta de que no está ahí realmente. Como si pretendiera formar parte de alguna cosa, como si quisiera convencerse de que hay algo eterno, porque es la única seguridad que ella busca.Como el árbol de hoja caduca, cuyas hojas nunca son suyas, cuyas hojas siempre se caen, cuyas hojas siempre mueren. Como si tuviera que darse cuenta cada vez que no está ahí realmente. Que tal vez no existe y que no existió antes. Como si fuera una mera luz apagándose dentro de un círculo vicioso de temor y dudas. Como si no tuviera ninguna llave para abrir un cofre, como si no fuera dueña de nada, como si de verdad no tuviera posesiones. Como si no tuviera nada que ofrecer.
Todo forma parte de una ilusión, cuenta, con un vestido transparente de cosas que hacer, con una corona de humildad rota y gris, con unos pequeños zapatos de cristal sin tacón. No me sorprendió esa mujer, que llevaba un collar de palabras desgastado por el tiempo y unos pendientes rojo pasión desgastados también. Hablaba rápido, como si quisiera que sus palabras llegaran a algún lado antes de que cerrara la boca. Le faltaba el aliento, como si a veces no le bastara el aire que inhalaba. Parecía que se extinguía antes de llegarle a los pulmones y necesitara coger más, pero sus compañeros no parecían darse cuenta de ello. También caminaba rápido, como si quisiera llegar a algún lugar antes que nadie, pero ella siempre decía que llegaba la última.
Creo que era del signo del aire, o de la tierra, no me acuerdo la verdad. Le gustaba caminar descalza, me acuerdo muy bien de ello, y de la sonrisa que ostentaba cada vez que tenía que tratar con alguno de sus iguales. No parecía tener preocupaciones, tan solo era una hoja de un árbol de hoja caduca.
Recuerdo también que no sentía despacio, que también sentía deprisa, decía y escribía ella. No recuerdo si le gustaba escribir o solo lo hacía por obligación. Nunca le llegué a preguntar. Yo sabía que era mejor no preguntar.
Como el árbol de hoja caduca, cuyas hojas nunca son suyas. Como si ella nunca fuera suya, como si tuviera otras cosas que contar, distintas a las que se dedicaba, distintas a las que pensaba. Como si padeciera alguna enfermedad y ella lo ignorara, como si se tuviera que marchar y nosotros no lo supiéramos. Como si pensara que no estaba ahí realmente. No sé cómo lo pude ver, pero lo vi. Era como si tuviera otra parte mejor que mostrar, como si su collar desgastado de palabras se le fuera a caer de un momento a otro. Parecía cansada y feliz, como si acabara de subir a una montaña pero no la hubiera subido nunca. Como si no quisiera estar cansada, tan solo ser feliz y no tener que pensar en la montaña. Como si no le faltara nada, pero al mismo tiempo echara de menos todo lo que podía. Era una mujer viva, decía, pero caliente y fría, desteñida, de color blanco pálido y con un pelo extraño. Era una mujer viva, decía, pero caliente y fría, como las hojas de los árboles de hoja caduca.

lunes, 26 de marzo de 2012

T'estim

Vull tenir es dia ocupat de tu, vull que passin ses hores en es teu costat, que es temps ja no sigui una mesura i que se converteixi en una joia; que no siguin segons, sinó diamants, i que no siguin hores, sinó riures. Que els mesos se transformin en camps d'herba fresca i que els anys siguin vida viva, vida de colors i pluja. Que sa terra sigui aire, i que s'aire passi entre els meus dits, aire de platja, aire de muntanya, vull sentir s'olor a aigua salada i a ca banyat.
Que ses flors me vesteixin de felicitat, i que sa guapa tardor se quedi enrera per deixar pas a s'estiu dins sa meva pell. Vull que me contagiis es teu accent, vull que me tratis com sempre i que me rebis amb es braços oberts. Que es cel se vegi blau, blau clar, i que la mar estigui tan neta com jo ho estic per dins.
Te crid i m'escoltes, ara sí, ara sí que aprofitaré els dies com jo vull, ara sí que me passejaré amb tu al meu costat per veure lo guapa que ets tu, illa meva, que ets ca meva sempre dins meu i ets ca meva dins sa pell, ets ca nostra en es meu cor i ets mu mare dins els ulls. Ets de color i d'amor, ets guapa i preciosa, ets tot lo que m'encanta i tot lo que me fa enfadar; ets de lo que jo més puc estimar i així jo t'ho dic i t'ho record sense parar; jo t'estim i t'estim, i estic segura de què sempre ho faré.

domingo, 22 de enero de 2012

Inmortal

Levanté el dedo índice, el que siempre (desde pequeña), utilizo para señalar a las personas. El dedo que se utiliza para acariciar, para acusar. Para buscar, para señalar. Y entonces le pedí a la ciencia o a la religión que me dejaran vivir un día más. Una semana más, un mes más. Y también un año más, y todo el tiempo que yo quisiera.

Así fue como quise que empezara mi etapa inmortal, aunque no fuera ninguna etapa, porque las etapas no tienen sentido si tan solo hay una y no hay más. Entonces no era una etapa. Me era igual, así era como empezaba mi nuevo momento, mi nuevo instante, mi nuevo tiempo. Aunque en realidad no era ningún momento, porque iban a existir infinidad de ellos iguales. Tampoco era un tiempo, porque ahora ese concepto no tenía sentido en mi interior. De todas formas, tampoco iba a ser un instante, sino que iba a ser mucho más.

Sin pensar pensé que esta era mi nueva vida, la que yo había elegido, la que yo quería. Aunque en realidad, esto que viviría ya no era una vida. No era vida por el simple hecho de que ya no había muerte.
Y me acordé del dedo, este que sirve para acariciar. Podría acariciar todo lo que quisiera. Podría acariciar a mis padres, a mi familia entera durante mucho tiempo. Podría acariciar a mi pareja, a mis amigos, a mis hijos, a mis perros, a las cosas bonitas. También podría acusar, buscar y señalar. Pero de todas formas nada de esto tendría sentido, porque ellos se irían pronto. No había pensado en un tiempo infinito para ellos, así que me quedaría sola.

Yo había ideado este "cielo" para mí. Lo había ideado para disfrutar, porque lamento los buenos momentos que se terminan. Lamento no tener tiempo para leer lo que quiero, y tener que hacerlo más tarde. Lamento tener que soñar que quiero ser inmortal. Lamento tener que estar lejos de mis expectativas, de tener que dejarlo para después, de levantarme y saber lo que vendrá sin sorpresa alguna. Lamento no-tener-tiempo y estar de brazos cruzados frente a ello.

Lamento muchas cosas, muchas.
Pero en realidad, disfruto más de lo que me quejo. Porque realmente lo que me importa son las buenas experiencias, mientras que las malas me enseñan lo buenas que son las buenas.
Por lo tanto, la muerte me enseña lo importante que es la vida. Si no hubiera muerte disfrutaría, pero solo por un tiempo, en vano. Luego me volvería loca, porque no habría tiempo, simplemente no lo habría. No existirían las buenas experiencias, porque no habría malas. No habría malas porque siempre habría tiempo para arreglarlas, porque siempre se podría hacer mejor y nunca se aprendería. Porque no existirían los valores, no necesitaríamos abrazos ni decepciones.

Bajé el índice, e hice algo que los seres humanos no están acostumbrados a hacer: admitir el error. Jamás debería ser inmortal. Jamás debería pensar en lo que me puede pasar o en lo que estoy perdiendo, o en lo que debería hacer, porque simplemente debería hacerlo y dejar que los fracasos den un empujón a las victorias, porque de esto está hecha la vida: de lágrimas, sonrisas, mi fuego, mi amor y el de los demás, y el fuego de cada uno. La vida está hecha para moverse, y aquellos que no lo hacen y no son conscientes (o sí lo son y aún así no ven la solución), no la están viviendo como toca.

Olvida, perdona. Perdona el mal, piensa que todos tenemos el mismo tiempo. Realmente, aunque tú te vayas antes, o él se vaya después, todos tenemos el mismo tiempo, porque no sabemos cuándo nos vamos a ir. Si te levantas dos semanas seguidas preguntándote qué estás haciendo y por qué lo haces, cambia rápidamente de enfoque, pídele al mundo que pare y bájate. Y súbete a otro, y móntatelo como quieras, y sonríe, y crece, e inventa y enloquece, de todas aquellas pequeñas y grandes cosas que hacen que seas tú, y enamórate, equivócate, y vuelve a perdonar. Así, tan solo así, y no de ninguna otra forma, te darás cuenta de que ya eres inmortal.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Losa

Los pies me pesan, me pesan las piernas;
es de plomo mi cadera, y mi barriga de metal;
los brazos de cristal y el corazón de porcelana.
El pecho me pesa, me pesan las costillas;
es de plástico mi cabeza, y mis ojos ya no están;
las orejas de vidrio y el corazón de porcelana.

Mis manos en balanza se rompieron al crecer.
Ya no relucen a pleno grito y al caer la sombra
los párpados de oro y los dientes de querer.
Es de plástico el adelante, y mis ojos ya no están;
las orejas en silencio y el corazón esperarán.

La pared pesa, pesa mucho esta pared,
la incertidumbre ya sabe dónde se debe recostar.
La dulce cama es grande y a ella yo sé que vendrán
donde yo siempre me siento a esperar.
Y espero, sin ya temblar, un mañana que yo no sé,
ya no cunde ahora el recordar, y suplicar
que todo el mañana no sea otro día igual.

Los pies me pesan, me pesan las piernas;
ayúdame, tú, suelo, ¿a dónde llegar?
Es de plomo mi cadera y mi barriga de metal;
los brazos y alas de cristal, vacías orejas de vidrio.
Avance sin tocar, estoy curada de soñar.
Es de plástico el pensar, y mis ojos ya no están.
El corazón, junto con las alas, de porcelana se quedarán.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Dicen

"Y dicen que cada día vivido debe ser vivido como si fuera el último, tratado como si no hubiera mañana y tan solo existiera el hoy. Dicen que el tiempo es sabio y que todo lo cura, que la vida es aquello que pasa mientras se hacen otros planes. Dicen que el gris es más productivo que el verde, que la sangre de todos los humanos es de igual color, que se es dueño de lo que se piensa y esclavo de lo que se dice. Dicen que si se arrancan los pétalos de una margarita uno a uno se encontrará la respuesta, que para aprender a ir en bicicleta hay que caerse muchas veces. Que todas las heridas sanan, que el ser humano es extraordinario e insignificante, que los ojos son el espejo del alma y que la sinceridad se muestra en acciones. Que el grito menos escuchado es el interior, que el ser puede ser una fatal prisión y que las decisiones deben ser tomadas con precaución. Dicen que se debe escuchar al corazón. Que se debe escuchar a la cabeza. Dicen que se dicen muchas, muchas cosas, muchas cosas que no se entienden. Muchas cosas que los humanos no logramos entender pero intentamos explicar. Muchas cosas sobre las que reflexionar y tantas otras sobre las que pensar".